Los cuatriciclos se expanden en los campos argentinos

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De la mano del incremento en la producción y venta de motos que se verificó en la Argentina en la última década, creció también la popularidad de un vehículo cuya presencia ya es habitual en las zonas turísticas, pero también en las rurales: el cuatriciclo, “mitad moto, mitad auto”.

El “All Terrain Vehicle” (ATV) es para el usuario de nuestro país un rodado eminentemente deportivo, especialmente por la visibilidad que le han dado los hermanos Marcos y Alejandro Patronelli, ambos bicampeones en diferentes ediciones del Rally Dakar. Sin embargo, en sintonía con lo que sucede en Europa, cada día los cuatriciclos son más comunes en tareas rurales, como versátil herramienta de trabajo.

En las labores de desmalezamiento, en quintas, clubes de campo o canchas de golf, los “cuatris” desplazan a los clásicos tractorcitos. Munido del implemento correspondiente, un ATV puede ser utilizado para cortar el pasto pero también para arar el campo, transportar mercaderías o sencillamente ir al pueblo de paseo.

Así como la llegada del tractor y de la maquinaría agrícola pesada revolucionó la producción y la propia vida rural, la difusión del cuatriciclo colabora en la productividad de las economías regionales. Resulta una herramienta más apropiada, y de menor costo, para minifundios, pequeñas extensiones de terrenos o emprendimientos que presenten ciertas particularidades, como un terreno montañoso o nevado.

La inmensa mayoría de los implementos (desmalezadoras, rastras, fumigadoras) desarrollados específicamente para ATVs que se utilizan en Argentina han sido desarrollados y producidos por IMA (Industrias Metalúrgicas Australes), una empresa familiar de San Andrés de Giles. IMA fue creada en 2006 con la inquietud de fabricar maquinaria agrícola de mediano porte en la provincia de Buenos Aires, ya que en general esta industria está centralizada en Santa Fe y Córdoba.

“En 2008, con el conflicto por la Resolución 125, el mercado se retrajo en parte y tuvimos que buscar nuevos mercados”, explicó Pablo Bertarte Díaz, gerente de ventas de la firma, y recordó que “surgió en Uruguay la idea de producción de una línea de máquinas especial para cuatriciclos”.

“En ese país hay mucha producción minifundista, huertas, viñedos, quintas, frutales, se trabaja con las economías regionales”, explicó. En la búsqueda por fabricar máquinas que se adapten a ese mercado y la presentación de algunos prototipos, la idea del “cuatri” con acoplado se empezó a difundir también en nuestro país.

La variedad de funciones es muy amplia y se puede adaptar la herramienta a la necesidad del usuario, pero la producción se centra en tres implementos: la desmalezadora (que constituye el 80% de las ventas de IMA en este rubro), la rastra de disco, y la fumigadora.

El costo de los equipos es una razón importante para el pequeño productor, ya que un tractor de baja potencia tiene un precio similar a la suma de un cuatriciclo “parrillero” (así se conoce a los vehículos preparados para tareas rurales) más la herramienta necesaria para la labor que fuere.

Por mencionar un ejemplo, una desmalezadora de 13 caballos de fuerza, la más utilizada, cuesta aproximadamente, de acuerdo al modelo, 13.000 pesos. También son elegidas, en comparación con los tractores, por su mínima contaminación ambiental y por su bajo peso, que evita la compactación de los suelos.

El empresario señaló que en 1996 fue la primera vez que engancharon una transportadora de troncos a un cuatriciclo, en Europa, que esa “moda” se trasladó a los Estados Unidos “y está llegando a nuestro país”.

“Estamos trabajando mucho con municipios, gobernaciones, el Ministerio de Agricultura y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), para que los productores rurales comprendan que gastando así pueden producir localmente frutas, verduras u hortalizas, sin depender de un mercado central”, enfatizó Bertarte Díaz. “Con el desarrollo de esta herramienta se potencian las economías regionales, abaratando costos y fletes”, subrayó.

IMA cuenta con concesionarios en 36 ciudades de la Argentina, pero una de las estrella en sus ventas es Mendoza, provincia en que los cuatriciclos con su herramienta asociada se utilizan intensivamente en la producción vitivinícola. La versatilidad de los equipos permite a los productores aplicar su uso de acuerdo a las especificidades de los viñedos.

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Exportación

Esta polifuncionalidad de los acoplados es una premisa de sus fabricantes “para adaptarnos a los diversos territorios de la Argentina y el mundo”. IMA, con la marca KCM, ya exporta herramientas de este tipo a Uruguay y Paraguay, disputando mercados a fábricas de desmalezadoras situadas en EEUU y China. Incluso, en Uruguay se interesaron en los equipos para poder utilizarlos en la producción intensiva de cannabis (marihuana).

“Competimos en calidad y precio, con valores globales”, afirmó Bertarte Díaz y consideró que esto es posible por tratarse de una pequeña empresa familiar, que produce aproximadamente 150 equipos de estas características anualmente. “Para una producción de este tipo a una empresa grande no le dan los volúmenes”, opinó y puntualizó que en otra escala “no sería viable porque el mercado es limitado”.

De todos modos, calculó que “podríamos vender el doble, pero nuestra capacidad es limitada” y deslizó la posibilidad de asociar un inversor para poder dar respuesta a la creciente demanda. El empresario también destacó como un grave problema la falta de trabajadores metalúrgicos calificados, situación que también sufren otras firmas de esa ciudad y de la región. “Hay un potencial enorme, nos hace falta mayor difusión y capacidad productiva, pero en lo que es la visión del producto en el mercado, esto recién empieza”, sostuvo el empresario y apostó a generar una mayor conciencia de la importancia de los ATVs como herramienta de trabajo.

Por Adrián Terrizzano para BAE Negocios

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